Comprender el diagnóstico diferencial
La artrosis de cadera es una enfermedad articular degenerativa muy frecuente, caracterizada por la pérdida progresiva del cartílago articular, cambios en el hueso subcondral e inflamación sinovial. El diagnóstico clínico se apoya en la anamnesis y la exploración física, y se presenta clásicamente como una tríada de dolor inguinal, glúteo y en la cara anterior del muslo. Sin embargo, las revisiones sistemáticas muestran de forma consistente una discordancia llamativa entre la gravedad radiográfica (por ejemplo, el grado de Kellgren-Lawrence) y la intensidad del dolor que refiere cada persona. Esta desproporción subraya la necesidad de un diagnóstico diferencial amplio, ya que las estructuras extraarticulares contribuyen con frecuencia al cuadro clínico.
El síndrome de dolor miofascial (SDM) coexiste a menudo con la artrosis de cadera y complica la lectura del cuadro. A medida que la articulación se degenera y pierde recorrido —sobre todo en rotación interna y extensión—, la musculatura adyacente adopta una contracción protectora sostenida. Esta tensión mantenida favorece la aparición de puntos gatillo secundarios en el iliopsoas, el glúteo medio y el complejo aductor. La observación clínica actual sugiere que, en muchas personas, el dolor generado por estos nódulos hiperirritables puede igualar o incluso superar al aporte nociceptivo procedente de la articulación artrósica.
Tratar la disfunción miofascial del entorno puede aportar un alivio sintomático relevante, incluso cuando los hallazgos radiográficos de degeneración articular permanecen sin cambios.
Distinguir el dolor intraarticular verdadero del dolor miofascial exige una correlación clínica cuidadosa. Maniobras provocativas como las pruebas FADIR y FABER ayudan a localizar la patología, mientras que la valoración del tope capsular aporta pistas sobre la restricción estructural. En personas jóvenes debe considerarse el pinzamiento femoroacetabular (FAI) o una lesión labral; en adultos mayores puede coexistir una radiculopatía L3-L4 que imite el dolor de cadera. Cuando la diferenciación clínica resulta ambigua, la infiltración intraarticular diagnóstica con anestésico local guiada por fluoroscopia puede ayudar a aislar la contribución articular.
True Hip OA vs Myofascial Mimic
Pain location
Pain behavior
Hallmark exam finding
Imaging correlation
Diagnostic gold standard
Principales músculos implicados
La cadera está rodeada de una musculatura potente. Comprender la relación entre estos músculos y la cápsula articular resulta esencial para diferenciar el dolor articular del extraarticular.
El iliopsoas es el principal flexor de la cadera y se sitúa justo por delante de la cápsula articular. Cuando existe artrosis de cadera, con frecuencia desarrolla puntos gatillo miofasciales secundarios por la contracción protectora sostenida. Su patrón de dolor referido puede parecerse bastante al de una patología intraarticular verdadera y suele describirse como un dolor profundo y sordo en la ingle, que empeora al cargar peso o al extender la cadera.
Como principal abductor de la cadera y estabilizador pélvico, el glúteo medio soporta cargas biomecánicas alteradas cuando la mecánica articular se ve comprometida por la artrosis. Muchas personas desarrollan una marcha de Trendelenburg compensatoria, que sobrecarga de forma crónica sus fibras musculares. Los puntos gatillo en este músculo son una fuente habitual de dolor lateral de cadera y glúteo, y a veces se confunden con síndrome doloroso trocantérico o con dolor articular aislado.
El aductor largo colabora en la aducción y flexión de la cadera, y suele reclutarse para estabilizar una articulación degenerada. La restricción de la abducción de cadera, uno de los signos clínicos característicos de la artrosis, mantiene una tensión sostenida sobre el compartimento aductor. El dolor miofascial en este músculo contribuye de forma notable al dolor en la cara interna del muslo y en la ingle que refieren muchas personas con patología articular de cadera.
Al tratarse de un músculo biarticular que cruza la cadera y la rodilla, el recto femoral es vulnerable a la tensión derivada de las alteraciones de la marcha asociadas a la artrosis de cadera. Los puntos gatillo en su porción proximal pueden reproducir el dolor anterior del muslo característico de la degeneración articular. La evaluación clínica suele mostrar limitación de la extensión de cadera y de la flexión de rodilla cuando este músculo está afectado.
El TFL actúa de forma sinérgica con el glúteo medio para estabilizar la pelvis durante la fase de apoyo de la marcha. En la artrosis de cadera suele volverse hiperactivo para compensar la debilidad glútea o la inestabilidad articular. Esta sobreactividad mantenida favorece un dolor miofascial que se percibe como molestia lateral del muslo y que complica el cuadro clínico.
El piriforme es rotador externo de la cadera y contribuye a la estabilidad articular posterior. La restricción capsular, especialmente la pérdida de rotación interna observada en fases iniciales de la artrosis, modifica su longitud y tensión en reposo. Los puntos gatillo en este músculo pueden generar dolor glúteo profundo que simula tanto dolor articular posterior como una radiculopatía lumbar.
Degeneración articular
Pérdida progresiva del cartílago, esclerosis subcondral y formación de osteofitos que generan dolor mecánico y restricción capsular.
Contracción miofascial protectora
Contracción sostenida del iliopsoas, los glúteos y los aductores como respuesta a la inestabilidad o al dolor articular, que favorece la formación de puntos gatillo.
Alteraciones biomecánicas
Patrones de marcha compensatorios, como la marcha de Trendelenburg, que sobrecargan de forma atípica la musculatura lateral de la cadera y la columna lumbar.
Sensibilización central
El aporte nociceptivo prolongado desde la articulación degenerada y la musculatura adyacente puede amplificar la respuesta al dolor en el sistema nervioso central.
Patrones de dolor referido
Los puntos gatillo miofasciales alrededor de la cadera generan patrones de dolor referido característicos que con frecuencia imitan el dolor inguinal, femoral y glúteo atribuido clásicamente a la artrosis de cadera.
Iliopsoas
Glúteo medio
Aductor largo
Piriforme
Pistas de evaluación clínica
Los profesionales sanitarios emplean maniobras ortopédicas específicas para solicitar la cápsula articular y la musculatura adyacente, lo que ayuda a diferenciar los generadores de dolor.
Prueba FABER (de Patrick)
Prueba FADIR
Prueba de Thomas modificada
Signo de Trendelenburg
Vías terapéuticas basadas en la evidencia
Las guías actuales suelen recomendar un abordaje multimodal del dolor de cadera que aborde tanto la degeneración articular como las adaptaciones miofasciales secundarias para optimizar la función. Este contenido es informativo y no sustituye la evaluación médica individualizada.
Autocuidado
- Modificación de actividades para reducir la carga articular de alto impacto
- Control del peso corporal para disminuir el estrés biomecánico sobre la cadera
- Movilidad articular suave y sin dolor a diario
- Uso de bastón o apoyo en el lado contralateral
- Aplicación de calor en la musculatura adyacente para reducir el espasmo
Terapia manual
- Compresión isquémica sobre puntos gatillo del iliopsoas y glúteos
- Movilización articular suave para mejorar la movilidad capsular
- Movilización de tejidos blandos del compartimento aductor
- Estiramiento pasivo de flexores de cadera y rotadores externos
- Liberación miofascial dirigida al tensor de la fascia lata
Intervencionismo
- Bloqueo diagnóstico intraarticular guiado por fluoroscopia (por personal médico)
- Infiltración intraarticular con corticoide o ácido hialurónico (por personal médico)
- Infiltración de puntos gatillo para dolor refractario del iliopsoas o de los glúteos (por personal médico)
- Infiltración de la bursa trocantérea mayor guiada por ecografía (por personal médico)
- Ablación por radiofrecuencia de ramas articulares en casos seleccionados (por personal médico)
Rehabilitación
- Terapia acuática para permitir el movimiento articular sin carga
- Fortalecimiento progresivo del glúteo medio y glúteo menor
- Ejercicios de estabilización del tronco para mejorar el control pélvico
- Reeducación de la marcha para abordar patrones compensatorios
- Bicicleta estática con resistencia mínima para favorecer la circulación del líquido sinovial
Señales de alerta
Aunque el dolor crónico de cadera es frecuente, algunos signos y síntomas requieren evaluación médica sin demora para descartar cuadros graves o potencialmente amenazantes.
Los hallazgos radiográficos de artrosis de cadera se correlacionan a menudo de forma débil con la intensidad real del dolor que refiere cada persona.
Los puntos gatillo miofasciales en iliopsoas, glúteos y aductores suelen coexistir con la artrosis de cadera debido a la contracción protectora sostenida.
En ocasiones, el dolor procedente de puntos gatillo secundarios puede superar al dolor generado por la propia articulación degenerada.
La infiltración intraarticular diagnóstica con anestésico local guiada por fluoroscopia se considera el método de referencia para distinguir el dolor articular verdadero de fuentes extraarticulares.
Abordar el dolor miofascial coexistente mediante medidas conservadoras puede mejorar de forma significativa la función y, en algunos casos, retrasar la necesidad de artroplastia.
La restricción de la rotación interna suele ser el hallazgo más precoz en la exploración cuando existe una limitación capsular real de la cadera.
Terapia de movimiento
Ejercicios para la artrosis de cadera
Estos ejercicios basados en la evidencia trabajan los músculos y patrones de movimiento más relevantes para esta afección. Comience con 2 o 3 y progrese según tolerancia.








