Dos filosofías, una aguja

IMS frente a punción seca

IMS frente a punción seca

panorama comparativo de los modelos teóricos

Cuando le dicen a un paciente que lo van a derivar para "punción seca", la frase suena engañosamente sencilla: una aguja, un músculo, una sesión. Lo que no aparece en esa frase es el desacuerdo de fondo sobre qué sostiene el dolor miofascial crónico, un debate con implicaciones reales sobre dónde se pincha, con qué profundidad y con qué objetivo. Ese desacuerdo no es teórico: tiene raíces históricas. Una tradición nace en Vancouver, durante los años setenta y ochenta, con el trabajo de Chan Gunn, que apoyándose en la teoría de la compuerta de Melzack y en la idea de supersensibilidad descrita por Walter Cannon, fue armando un modelo neuropático del SDM. La otra tradición se construye más lentamente, a lo largo de décadas, con la obra de Janet Travell y David Simons y su atlas monumental de puntos gatillo; de allí sale el modelo miofascial periférico que hoy sustenta la práctica global de la punción seca.

Lo que Gunn propone, en esencia, es que todo SDM crónico hunde sus raíces en una neuropatía "espondilógena". No se trata de la radiculopatía franca que un neurólogo reconocería en una resonancia: es algo más sutil, una disfunción a nivel de raíz nerviosa derivada de cambios degenerativos que no llegan a producir los síntomas del manual. Y aun así, según Gunn, ese compromiso discreto bastaba para provocar supersensibilidad en todas las estructuras inervadas por la raíz comprometida: piel, tejido conjuntivo y, sobre todo, placas motoras musculares. Apoyándose en la ley de denervación de Cannon, argumentó que esa supersensibilidad acorta los músculos, los vuelve hiperreactivos y los hace doler. La clave para diagnosticarlo está en lo que no aparece. No hay adormecimiento dermatómico, ni reflejos alterados, ni Lasègue positivo. Lo que sí aparece son pistas discretas: una piel que hace dermografismo con facilidad, músculos difusamente acortados en un patrón segmentario reconocible y una sensibilidad paravertebral que se repite al nivel correspondiente.

El modelo del punto gatillo, tal como Travell y Simons lo codificaron y luego investigadores como el propio Simons, Robert Gerwin o Jay Shah fueron afinando, plantea un relato muy distinto. Aquí el dolor miofascial proviene de nódulos locales de contractura instalados dentro del músculo: bandas tensas palpables con un punto gatillo central, situado en la zona de la placa terminal. La hipótesis integrada publicada por Simons en 2004 lo describe como un fallo energético a nivel de placa motora. Una liberación excesiva de acetilcolina mantiene al sarcómero en contracción; esa contracción comprime los capilares locales, genera isquemia, acidosis y la salida de sustancias sensibilizadoras — bradicinina, sustancia P, CGRP — capaces de activar y sensibilizar los nociceptores. El respaldo electrofisiológico vino de los estudios con electromiografía de superficie e intramuscular: los puntos gatillo activos muestran actividad eléctrica espontánea (AEE), la firma del comportamiento anómalo de la placa terminal.

En el consultorio especializado los dos modelos se cruzan con frecuencia. Pensemos en un paciente típico de dolor crónico: diez años de dolor cervical y de hombros, una resonancia con cambios degenerativos en varios segmentos, puntos gatillo difusos en escalenos y trapecio superior y, por si fuera poco, signos sutiles de radiculopatía en el territorio C5-C6. Nadie metería ese cuadro, con honestidad, dentro de un solo modelo. La mayoría de los profesionales con experiencia ha aprendido a trabajar de forma pragmática: abordan primero el componente neuropático segmentario con una punción paravertebral estilo EIM y después desactivan los nódulos de contractura periféricos con punción seca convencional. Desde esa práctica cotidiana, la polarización entre las dos técnicas pierde fuerza: no son rivales, son herramientas pensadas para actuar sobre niveles distintos del mismo sistema de dolor crónico.

Dimensiones clave de la comparación

Cinco dimensiones permiten ver en qué se diferencian, en la práctica, la EIM y la punción seca. Tenerlas presentes facilita tomar decisiones informadas — tanto al profesional como al paciente — sobre qué abordaje conviene en cada situación y por qué.

Dimensiones clave de comparación

Dimensiones clave de comparación

marco clínico

Marco teórico

Dos modelos conceptuales muy distintos

Cada técnica parte de una lectura distinta del mismo cuadro clínico. La EIM se apoya en el modelo neuropático que Chan Gunn elaboró durante los años ochenta: atribuye el SDM crónico a una neuropatía espondilógena, es decir, a placas motoras supersensibles a partir de una radiculopatía leve y subclínica a la altura de la raíz espinal. Este es el modelo propuesto por Gunn; no es una explicación universalmente aceptada en la literatura actual. La punción seca, por su parte, se mueve dentro del modelo integrado de puntos gatillo descrito por Janet Travell y David Simons: plantea que el problema residiría en nódulos locales de contractura con nociceptores sensibilizados. Algunos aspectos de este modelo siguen en debate. La consecuencia clínica de la diferencia no es menor: un profesional de EIM dedicará buena parte de la exploración a la columna antes de acercarse a la periferia; un profesional de punción seca pondrá el foco en localizar las bandas tensas y los puntos gatillo palpables.

Tejido diana

Qué se busca con la aguja

Las dos técnicas también buscan estructuras anatómicas distintas. La EIM apunta al vientre muscular a la altura del punto motor — el lugar más profundo y doloroso dentro del patrón segmentario que Gunn calificaba de "radiculopático" — y eso suele traducirse en agujas más largas, porque la diana rara vez queda cerca de la piel. La punción seca trabaja sobre la banda tensa palpable del punto gatillo: la aguja suele quedarse a nivel de las fibras medias, en la zona de la placa terminal, donde es posible registrar actividad eléctrica espontánea (AEE) con electromiografía. Este detalle técnico repercute en cómo se guía la aguja. Un profesional de EIM se apoya en la cartografía dermatómica por segmento y en lo que encuentra al explorar los paravertebrales; un profesional de punción seca confía en una palpación minuciosa en busca de bandas tensas y en provocar el signo de salto. La ecografía está ganando terreno en ambas técnicas cuando hay que llegar a músculos profundos, aunque su utilidad adicional en la punción superficial rutinaria de puntos gatillo sigue siendo materia de discusión.

Profundidad de la punción

Hasta dónde llega la aguja

Una de las señas de identidad de la EIM es trabajar en profundidad. En la variante paravertebral la aguja alcanza los músculos segmentarios profundos — los multífidos, por ejemplo — hasta el nivel de la apófisis transversa; en la periférica busca el vientre muscular en su zona más profunda y dolorosa, y en algunos cuadros llega incluso al periostio. La punción seca, en cambio, varía mucho según el músculo que se trate, pero la diana suele quedar al nivel de la banda del punto gatillo, que por lo general está más cerca de la superficie. Esta diferencia se traduce en cómo vive el paciente el tratamiento. La EIM paravertebral profunda genera una sensación intensa de "agarre" de la aguja y, con bastante frecuencia, molestia muscular pospunción durante 24 a 48 horas. La punción seca sobre una banda tensa tiende más bien a provocar una respuesta de espasmo local (REL), seguida de una relajación muscular casi inmediata. Los riesgos también se distribuyen de manera distinta: la punción paravertebral de EIM queda teóricamente más cerca de estructuras nerviosas, y puncionar el tórax anterior o los escalenos — con cualquiera de las dos técnicas — exige un control milimétrico de la profundidad si se quiere evitar un neumotórax.

Respuesta de espasmo local

Indicador diagnóstico y terapéutico

La respuesta de espasmo local (REL) — esa contracción involuntaria que sacude brevemente las fibras de la banda tensa cuando la aguja las toca — es un hallazgo frecuente durante la técnica; su valor como marcador pronóstico o diagnóstico no está plenamente establecido. Travell y Simons le atribuyeron un valor doble: sugeriría que la aguja está bien colocada y, además, se asociaría con mejores resultados. Los estudios electromiográficos la respaldan como reflejo medular, no como contracción voluntaria. La EIM no persigue la REL. En el marco de Gunn, lo que sugeriría que la aguja va por el camino correcto es otra cosa: el "agarre", una resistencia mecánica que la mano del profesional percibe cuando la aguja se engancha en un vientre muscular acortado. Las dos experiencias se sienten distintas: la REL aparece como un tirón muscular fugaz; el agarre de la EIM se vive como un dolor profundo o una sensación de calambre que se mantiene mientras la aguja permanece en el tejido.

Ámbito de práctica

Quién puede efectuar cada técnica

No todos los profesionales pueden puncionar en todos los países, y las reglas cambian con rapidez. En el caso de la EIM, la formación acreditada se canaliza sobre todo a través del Instituto para el Estudio y la Práctica del Dolor Interdisciplinario (iSPI/GUNN IMS), que forma sobre todo a kinesiólogos, fisioterapeutas y fisiatras bajo un esquema propio de certificación. La punción seca tiene un mapa más amplio: la practican fisioterapeutas, quiroprácticos, osteópatas, algunos médicos y, en varias jurisdicciones, también acupunturistas; el estatus legal varía de un país a otro, y dentro de un mismo país puede cambiar entre provincias, estados o regiones. En buena parte de Latinoamérica el debate regulatorio sigue activo, con colegios de acupuntura que impugnan la práctica por parte de profesionales sin esa formación específica. La consecuencia para el paciente es sencilla: antes de agendar una sesión, vale la pena comprobar que el profesional tiene una certificación concreta en punción, no solo una licencia profesional genérica.

Evidencia: lo que muestran los datos

La evidencia de ensayos aleatorizados que comparen de forma directa EIM y punción seca es limitada. La punción seca cuenta con mayor evidencia a corto plazo; la EIM tiene una base de evidencia más limitada. No se ha demostrado superioridad clara entre ambos enfoques. Dos razones principales: las técnicas son operativamente parecidas y el cegamiento resulta difícil, y los cuadros que tratan — el SDM crónico — son muy heterogéneos. Las revisiones sistemáticas sobre punción seca para el dolor miofascial coinciden en evidencia variable de reducción del dolor a corto plazo frente a punción simulada o ausencia de tratamiento, con menor certeza sobre la durabilidad a largo plazo.

Los estudios cara a cara son escasos y, cuando existen (cefalea cervicógena, lumbalgia crónica), tienden a mostrar resultados equivalentes a corto plazo. Esto no sorprende si se piensa que ambas técnicas actuarían, en última instancia, a través de mecanismos compartidos: disrupción mecánica de los nódulos de contractura, microtraumatismo local que dispara procesos de reparación tisular y modulación de la sensibilización periférica y central a través de la aferencia inducida por la aguja. La lectura práctica es clara. En un SDM sencillo, agudo, sin signos radiculopáticos, cualquiera de las dos técnicas tiene buenas probabilidades de funcionar. Donde la diferencia se vuelve notoria es en los cuadros crónicos y refractarios: ahí la presencia o ausencia de un componente neuropático segmentario determina si la punción periférica sola alcanzará un alivio duradero.

La aguja es la misma; lo que separa a la EIM de la punción seca es la filosofía que decide dónde se coloca y por qué.

Evidencia de la EIM

Más sólida en SDM crónico ligado a la columna con signos radiculopáticos

Evidencia de la punción seca

Respaldo moderado de ensayos aleatorizados para reducción del dolor a corto plazo en SDM agudo/subagudo

Enfoque combinado

Los protocolos híbridos suman beneficios en cuadros crónicos complejos

Qué enfoque para cada paciente

Elegir bien al paciente es la decisión clínica más importante cuando se trabaja con técnicas de punción. Los cuatro marcos de evaluación que siguen ayudan a decidir entre EIM, punción seca o un enfoque combinado, y fijan la línea de base objetiva necesaria para poder seguir la respuesta al tratamiento.

Patrón de radiculopatía

Seleccionar para EIM — signos de origen espinal

El criterio diagnóstico que define si un paciente es candidato a EIM se apoya en los llamados signos radiculopáticos de Gunn. En la práctica, la exploración busca varios elementos conjuntos. Cambios cutáneos (dermografismo: una respuesta exagerada de habón al frotar la piel). Atrofia muscular, visible o mensurable, dentro del miotoma del segmento afectado. Músculos acortados con una restricción articular correspondiente. Sensibilidad paravertebral a nivel de los segmentos implicados. Y, finalmente, hiperalgesia segmentaria, es decir, una mayor sensibilidad cutánea dentro del dermatoma. Cuando varios de estos hallazgos aparecen juntos en un paciente con SDM crónico, la lectura más razonable es que el cuadro tiene un componente espondilógeno y que la EIM paravertebral se indica antes de trabajar la periferia. Conviene pedir imagen para descartar patología estructural grave; los cambios degenerativos leves, por sí solos, son compatibles con el modelo de Gunn.

Palpación clásica del punto gatillo

Seleccionar para punción seca — signos de punto gatillo

Para indicar punción seca se utilizan los criterios diagnósticos clásicos. Se trata de encontrar: una banda tensa palpable dentro de un músculo esquelético, dolor exquisito a la presión sobre esa banda (con signo de salto), reproducción del patrón de dolor referido conocido por el paciente al comprimir el punto, REL cuando se palpa la banda en sentido transversal y limitación del rango articular por acortamiento muscular. Cuando un paciente no presenta signos claros de radiculopatía según Gunn pero sí una presentación típica de punto gatillo — por ejemplo, tras una sobrecarga aguda, un episodio de estrés repetitivo o un traumatismo — encaja como candidato a punción seca. La algometría de presión, midiendo el umbral de dolor a la presión (UDP), resulta útil para cuantificar la sensibilidad del punto gatillo y seguir la respuesta al tratamiento con un dato objetivo.

Examen neurológico

Diferenciar SDM de radiculopatía

Antes de puncionar, un examen neurológico estructurado permite separar un SDM crónico de una radiculopatía activa y clínicamente relevante. Tres bloques conviene recorrer. Primero, la distribución sensitiva dermatómica: tacto superficial, pinchazo y temperatura. Después, los reflejos osteotendinosos en los niveles correspondientes. Y, por último, la fuerza motora segmentaria. Hay señales de alerta que obligan a detenerse y pedir imagen antes de proceder: un déficit neurológico que progresa, signos bilaterales en miembros inferiores, alteración de esfínteres, anestesia en silla de montar o dolor intenso y sin causa aparente con manifestaciones sistémicas. Un hallazgo neurológico positivo no prohíbe puncionar de forma automática, pero sí obliga a solicitar imagen y a coordinar con el especialista. Los cambios degenerativos crónicos leves sin déficit activo encajan dentro del modelo de Gunn.

Seguimiento de la respuesta al tratamiento

Monitorizar la evolución con cualquiera de las dos técnicas

Medir los resultados con variables objetivas no es un lujo: es lo que permite decidir si se sigue, si se cambia de técnica o si hay que derivar. El kit mínimo para EIM y punción seca incluye rango articular activo (con goniómetro o inclinómetro), escala numérica de dolor (ENV) o escala visual analógica (EVA), UDP sobre el punto gatillo principal o el punto motor, y escalas funcionales específicas de la región — NDI para la columna cervical, DASH para la extremidad superior, por ejemplo. Si al cabo de la tercera o cuarta sesión no aparece mejoría objetiva, tiene sentido plantear un cambio de técnica o pasar a un protocolo combinado paravertebral-periférico. Cuando ninguna de las dos técnicas produce respuesta, hay que volver a la pizarra y buscar sensibilización central, factores psicosociales perpetuadores o una patología estructural que quedó fuera del radar inicial.

Protocolos clínicos

Los cuatro protocolos cubren el espectro que va desde la EIM pura a la punción seca pura, pasando por los enfoques híbridos. La elección debe responder a los hallazgos de la exploración: los signos radiculopáticos inclinan la balanza hacia la EIM; los hallazgos clásicos de puntos gatillo sin signos espinales, hacia la punción seca; y la coexistencia de ambos, hacia el protocolo combinado. La guía por imagen queda reservada para dianas de alto riesgo.

Protocolos clínicos de punción

Protocolos clínicos de punción

diagrama de decisión y de protocolo

Protocolo EIM de Gunn

El abordaje sistemático de Gunn empieza por una evaluación segmentaria exhaustiva que busca identificar el componente espondilógeno. La idea clave es tratar antes la "fuente" (la raíz nerviosa espinal mediante punción paravertebral) que la "demanda" (los puntos gatillo periféricos): normalizar primero la supersensibilidad de origen radicular de la que se deriva el acortamiento muscular periférico.

  • Examen segmentario: identificar los niveles espinales implicados mediante sensibilidad paravertebral, hiperalgesia dermatómica y patrón de atrofia muscular
  • EIM paravertebral en primer lugar: puncionar en profundidad el multífido a la altura de las apófisis transversas correspondientes, de forma bilateral — el objetivo es el músculo segmentario supersensibilizado
  • La punción periférica se hace después del tratamiento paravertebral, en la misma sesión o en la siguiente, y se dirige a los puntos motores de los músculos dentro del patrón radiculopático
  • Los protocolos varían entre escuelas y clínicos: estructura habitual de sesión aproximadamente 30 a 45 minutos con series orientativas de 6 a 12 tratamientos; reevaluar los signos segmentarios en cada visita
  • Ejercicio pospunción: movimiento activo suave y estiramiento de los segmentos tratados, con pautas sobre postura y modificación de la actividad

Punción seca de puntos gatillo

El protocolo de Travell-Simons gira en torno a dos pasos: identificar con precisión el punto gatillo y desactivar el nódulo de contractura con la aguja. Obtener la respuesta de espasmo local es, a la vez, el objetivo de la técnica y la señal de que la aguja está en el lugar adecuado.

  • Identificación del punto gatillo: palpación sistemática en busca de bandas tensas, signo de salto y reproducción del dolor referido — conviene mapear todos los puntos gatillo activos antes de empezar a puncionar
  • Técnica de entrada y salida (Hong): la aguja se dirige al punto gatillo con un pistoneado de pequeña amplitud hasta provocar REL; obtener varias REL se asocia con mejores resultados
  • Técnica de picoteo: pequeñas inserciones en distintos ángulos dentro de la banda tensa, pensada para pacientes que no toleran el pistoneado completo
  • Inmediatamente después: estiramiento pasivo y activo del músculo tratado hasta su longitud completa — esto consolida el efecto de la desactivación del punto gatillo
  • Programa domiciliario: autoestiramiento tres veces al día en los músculos tratados, junto con ejercicios de carga progresiva para recuperar la longitud y la fuerza funcional

Protocolo combinado paravertebral + periférico

Abordaje híbrido que trata el componente segmentario (espinal) con punción paravertebral al estilo EIM y los puntos gatillo periféricos con punción seca convencional. Se indica en presentaciones complejas de SDM crónico donde conviven signos radiculopáticos y criterios clásicos de puntos gatillo.

  • Indicación orientativa: SDM crónico (más de 3 meses) con signos radiculopáticos de Gunn y, al mismo tiempo, criterios de Travell-Simons
  • Orden de trabajo: algunos clínicos empiezan por la punción paravertebral estilo EIM y continúan con la punción seca periférica, en la misma sesión o en la siguiente — es un algoritmo de práctica, no una regla establecida
  • Razonamiento clínico: desde el marco de Gunn, la musculatura periférica seguiría supersensibilizada si no se trata la neuropatía a nivel radicular — es un razonamiento dentro del modelo, no un principio universalmente aceptado
  • Seguimiento: es esperable molestia paravertebral durante 24 a 48 horas
  • Los protocolos varían entre escuelas y clínicos: curso orientativo de 8 a 12 sesiones; conviene reevaluar la regresión de los signos segmentarios como marcador objetivo de progreso

Punción guiada por ecografía

La guía por imagen mejora la precisión cuando la diana es profunda o está cerca de estructuras vasculares, situaciones en las que puncionar solo por referencias anatómicas supone un riesgo real. Tanto las dianas de la EIM como las de la punción seca tienen una apariencia ecográfica reconocible que, en manos experimentadas, orienta la colocación de la aguja.

  • Indicaciones de guía ecográfica: punto gatillo del psoas ilíaco (próximo al paquete neurovascular femoral), piriforme (próximo al nervio ciático), escalenos (plexo braquial y arteria subclavia), paravertebrales cervicales profundos
  • Guía dinámica frente a estática: la dinámica es preferible cuando se pincha cerca de vasos; la imagen estática prepunción puede bastar para la EIM paravertebral profunda
  • EIM en ecografía: vientre muscular hipoecoico y tenso con menor deslizamiento fascial; el agarre de la aguja se ve como una tienda de campaña tisular, y el contacto periostal aparece sobre la apófisis transversa
  • Punto gatillo en ecografía: nódulo hipoecoico dentro de la banda tensa, con ecogenicidad reducida respecto al músculo que lo rodea; la REL puede observarse como una vibración tisular
  • Relación costo-beneficio: la guía ecográfica añade tiempo y costo; conviene reservarla para dianas profundas, de alto riesgo o cuando los intentos previos con referencias anatómicas han fracasado

Seguridad y contraindicaciones

La punción — tanto EIM como punción seca — es una intervención en general segura cuando la realizan manos formadas, pero hay situaciones clínicas que exigen un repaso cuidadoso antes de proceder. Salvo que se indique lo contrario, las contraindicaciones y precauciones que siguen se aplican a ambas técnicas.

Anticoagulación — warfarina con INR >3 o dosis reciente de ACOD

Antes de cualquier punción hay que estratificar el riesgo. Un INR superior a 3, o la ingesta de un anticoagulante oral directo (ACOD) en las últimas 12 horas, contraindica de forma absoluta la punción profunda (EIM paravertebral y EIM periférica profunda). La punción seca superficial puede ser aceptable tras valorar el riesgo caso por caso y, si hace falta, tras consultar con hematología en los cuadros más complejos.

Riesgo de neumotórax — punción paravertebral y de tórax anterior

Una formación rigurosa en anatomía de superficie y control de la profundidad de la aguja es imprescindible antes de puncionar paravertebrales cervicales, escalenos, pectoral menor, subclavio o paravertebrales torácicos. Calcular la distancia hasta el ápice pulmonar en función del biotipo del paciente no es un detalle opcional, es una habilidad previa obligatoria. El neumotórax por punción es raro pero grave; ante la sospecha después del tratamiento se indica capnografía y estudio de imagen urgente.

Punción sobre lesiones cutáneas, infección activa o heridas abiertas

Contraindicación absoluta. Una infección local activa, una celulitis, una solución de continuidad en la piel o una lesión cutánea sin diagnosticar sobre la zona a tratar descartan la punción en ese sitio. La sepsis sistémica o una bacteriemia activa contraindican cualquier punción.

Molestia pospunción de más de 72 horas o aparición de síntomas neurológicos

Una molestia leve de 24 a 48 horas después de la punción es esperable y corresponde a un brote normal de recuperación, sobre todo después de EIM paravertebral. Si el dolor supera las 72 horas, o si aparece cualquier síntoma neurológico nuevo (debilidad, adormecimiento dermatómico, cambio en el control de esfínteres), hay que hacer una valoración clínica urgente para diferenciar un brote exagerado de una lesión nerviosa. No programe nuevas punciones hasta completar esa revisión.

Puntos clave

Los modelos de la EIM y la punción seca son complementarios más que rivales: uno pone el acento en el componente espinal (neuropático) y el otro en el periférico (miofascial) de un mismo continuo de dolor crónico.

La mayoría de los profesionales con experiencia en punción usa elementos de ambos enfoques y ajusta el énfasis según predominen los signos radiculopáticos de Gunn o los criterios clásicos de puntos gatillo en cada paciente.

Los datos de ensayos aleatorizados muestran una eficacia a corto plazo parecida entre ambas técnicas en el SDM puro; la elección pesa más en pacientes con cuadros crónicos, complejos o refractarios al tratamiento.

La EIM tiene un fundamento clínico más sólido en el dolor crónico ligado a la columna con signos radiculopáticos de Gunn, sobre todo en dolor cervical, lumbar y de extremidades que no ha respondido al tratamiento periférico aislado.

Saber qué modelo se aplicó antes — y cuál no — resulta especialmente útil cuando un tratamiento previo ha fracasado: permite decidir el siguiente paso y evitar repetir abordajes que ya han demostrado no funcionar.