§ 01

Panorama: opioides y dolor miofascial

Opioids

Opioids

Mechanism of Action Diagram

Los opioides —entre ellos morfina, oxicodona, hidrocodona, fentanilo, tramadol y codeína— son analgésicos potentes que se unen a los receptores opioides mu, kappa y delta del sistema nervioso central. Activan las vías inhibidoras descendentes del dolor y modulan la experiencia afectiva del sufrimiento. En el dolor quirúrgico agudo, el traumatismo grave y el dolor oncológico resultan muy eficaces y siguen siendo herramientas indispensables en esos contextos clínicos.

Ahora bien, en el dolor por puntos gatillo miofasciales los opioides no son, en general, una opción terapéutica adecuada: no corrigen el mecanismo subyacente (sarcómeros contraídos, disfunción de la placa motora, sensibilización periférica), y su balance riesgo-beneficio suele ser desfavorable en este contexto. Pueden atenuar temporalmente la percepción del dolor, pero sin actuar sobre los factores que lo sostienen.

Los opioides pueden enmascarar el dolor miofascial sin modificar los puntos gatillo, con el riesgo de retrasar un tratamiento verdaderamente eficaz.

Las principales guías médicas coinciden en esta conclusión. La Guía del CDC (2022), la del VA/DoD (2022, Estados Unidos), la Academia Americana de Medicina del Dolor (AAPM) y la Sociedad Americana del Dolor (APS) desaconsejan los opioides para el dolor musculoesquelético crónico, incluido el síndrome doloroso miofascial. En esta página se exponen los motivos farmacológicos y clínicos y se revisan las alternativas respaldadas por la evidencia.

§ 02

Por qué fracasan los opioides en los puntos gatillo

Existen siete razones de fondo por las que los opioides resultan ineficaces y contraproducentes en el dolor por puntos gatillo miofasciales. Cada una describe un fallo farmacológico o clínico específico del mecanismo opioide aplicado a esta patología.

Why Opioids Fail for Trigger Points

Why Opioids Fail for Trigger Points

Mechanism Diagram
§ 03

La farmacología detrás del fracaso

Analizar con detalle la farmacología de la activación de los receptores opioides ayuda a comprender por qué estos fármacos resultan mecánicamente incompatibles con el dolor por puntos gatillo miofasciales.

Agonismo del receptor mu

Los opioides se unen principalmente a los receptores opioides mu (MOR) de la sustancia gris periacueductal (PAG), la médula ventromedial rostral (RVM), el asta dorsal y el sistema límbico. Así generan analgesia al activar vías inhibidoras descendentes y modular el componente afectivo del dolor. Ahora bien, la activación del receptor mu no incide sobre la placa motora, ni sobre la liberación de acetilcolina que impulsa la formación de la banda tensa, ni sobre la contractura sarcomérica, ni sobre la isquemia local. La señal dolorosa sigue generándose en el punto gatillo; el opioide solo atenúa su registro cerebral.

Potenciación de la inhibición descendente

Los opioides activan el sistema modulador descendente del dolor al desinhibir neuronas de la PAG mediante la supresión de interneuronas GABAérgicas inhibitorias. Esto libera proyecciones serotoninérgicas y noradrenérgicas desde la RVM y el locus coeruleus que inhiben la transmisión nociceptiva en el asta dorsal. Durante unas horas la intensidad percibida del dolor disminuye, pero el punto gatillo sigue generando actividad eléctrica espontánea, mantiene su entorno bioquímico sensibilizante y perpetúa la banda tensa. Al disiparse el efecto farmacológico, la percepción del dolor regresa.

Desarrollo rápido de tolerancia

La tolerancia a la analgesia opioide suele instaurarse entre 1 y 4 semanas de uso regular por varias vías: desensibilización del receptor (fosforilación de los receptores mu por cinasas de receptores acoplados a proteína G), internalización y regulación a la baja del receptor, desacoplamiento de las proteínas G y sobrerregulación de la vía AMPc-adenilil ciclasa. La tolerancia obliga a escalar la dosis para mantener el mismo nivel de analgesia, lo que incrementa progresivamente el riesgo de efectos adversos, dependencia y sobredosis —todo ello por un fármaco que no aborda la patología de base.

Dependencia física

La dependencia física —aparición de síntomas de abstinencia si el fármaco se suspende de forma brusca— puede instalarse después de tan solo 5 a 7 días de uso continuo. Los síntomas incluyen mialgias intensas, artralgias, insomnio, sudoración profusa, piloerección, cólicos abdominales, diarrea, ansiedad e irritabilidad. Paradójicamente, la abstinencia opioide causa mialgias difusas que pueden confundirse con un empeoramiento del dolor por puntos gatillo y llevar a que el paciente o el propio clínico interpreten erróneamente que los opioides «estaban funcionando» y deben mantenerse.

Supresión de opioides endógenos

La administración exógena de opioides reduce la producción y liberación de los péptidos opioides propios del organismo: beta-endorfina, encefalinas y dinorfinas. Con el uso prolongado, el eje hipotálamo-hipofisario disminuye la producción de beta-endorfina y decrece la densidad de receptores opioides en regiones clave de modulación del dolor. El paciente pierde así parte de su capacidad natural de regulación del dolor y queda más dependiente del fármaco externo para tolerar la molestia cotidiana. Al retirar el opioide, dispone de menos modulación endógena de la que tenía antes de iniciar el tratamiento.
§ 04

La conexión con la crisis de opioides

La prescripción de opioides para el dolor musculoesquelético crónico —incluido el síndrome doloroso miofascial— ha sido un motor importante de la crisis de opioides en varios países. El dolor crónico no oncológico representa la mayor parte de las recetas de opioides en Estados Unidos. El SDM es una de las afecciones dolorosas crónicas más prevalentes: algunos estudios señalan que una proporción considerable de los pacientes atendidos en clínicas especializadas de dolor presentan puntos gatillo miofasciales como fuente principal o contribuyente.

La prescripción rutinaria de opioides en estos pacientes ha alimentado la crisis por varias vías: dependencia física en personas que planeaban un uso solo temporal, escalada de dosis impulsada por la tolerancia, desvío de recetas y transición a opioides ilícitos cuando se retira la prescripción.

El costo humano ha sido devastador. La Guía del CDC de 2022 se elaboró como respuesta directa a esta crisis. Su recomendación central —preferir las terapias no opioides en el dolor musculoesquelético crónico— refleja el reconocimiento de que el uso generalizado de opioides para cuadros como el dolor miofascial ha causado, a escala poblacional, mucho más daño que beneficio.

Prevalencia relevante

De los pacientes en clínicas de dolor presentan puntos gatillo

1–4 semanas

Plazo habitual hasta que la tolerancia obliga a escalar la dosis

5–7 días

Tiempo tras el cual puede instalarse la dependencia física
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Qué dicen las guías clínicas

Todas las guías de práctica clínica relevantes para el dolor crónico coinciden en la misma conclusión: los opioides no están recomendados para el dolor musculoesquelético crónico, incluido el síndrome doloroso miofascial.

Guía de Práctica Clínica del CDC (2022)

FuerteLas terapias no opioides son la opción preferente en el dolor crónico. Cuando se recurra a opioides, deben combinarse con tratamientos no farmacológicos y con farmacoterapia no opioide. Se recomienda prescribir la dosis eficaz más baja de opioides de liberación inmediata. En dolor musculoesquelético crónico, la guía prioriza de forma explícita fisioterapia, ejercicio, terapia cognitivo-conductual, AINE y antidepresivos específicos por encima de los opioides.

Guía de Práctica Clínica VA/DoD (2022, Estados Unidos)

Firme en contraRecomendación firme EN CONTRA de iniciar un tratamiento opioide prolongado para el dolor crónico no oncológico. En pacientes que ya reciben opioides a largo plazo, plantea una estrategia de decisión compartida para reducir progresivamente hasta la dosis eficaz más baja o suspender cuando los riesgos superen los beneficios.

Directrices AAPM/APS (2009)

Moderado en contraLos opioides no deben considerarse una primera línea en el dolor crónico no oncológico. Antes de iniciar el tratamiento, el médico debe realizar una evaluación cuidadosa, definir objetivos terapéuticos, obtener consentimiento informado y estratificar el riesgo. Solo corresponde mantenerlos si se evidencia una reducción significativa del dolor y una mejoría funcional medible.

Asociación Internacional para el Estudio del Dolor (IASP)

Preferencia por abordaje multimodalPlantea un abordaje multimodal para el síndrome doloroso miofascial que prioriza las terapias físicas (terapia manual, ejercicio, punción seca), las intervenciones psicológicas (terapia cognitivo-conductual, educación en neurociencia del dolor) y la farmacoterapia dirigida (agentes tópicos, relajantes musculares). Los opioides no aparecen entre las opciones recomendadas.

Travell y Simons (Dolor y disfunción miofascial)

No recomendadoLa obra de referencia sobre diagnóstico y tratamiento de los puntos gatillo, firmada por Janet Travell y David Simons, no incluye recomendación alguna a favor de los opioides. Los tratamientos propuestos comprenden técnicas específicas de estiramiento, infiltración del punto gatillo (con anestésico local o punción seca), spray y estiramiento, liberación por presión manual y corrección de los factores perpetuantes. Los opioides sistémicos están conspicuamente ausentes del marco terapéutico.
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Opioides habituales — Referencia rápida

Tramadol

Opioide débil + IRSNModerado RiesgoPotencia: Bajo
MecanismoMecanismo dual: agonista débil del receptor opioide mu combinado con inhibición de la recaptación de serotonina y norepinefrina. El metabolito O-desmetiltramadol (M1) tiene una afinidad por los receptores mu aproximadamente 200 veces mayor que el compuesto original.
Relevancia en el dolor miofascialSe prescribe con frecuencia como opción aparentemente «más segura», pero conserva los riesgos propios de los opioides, incluyendo tolerancia y dependencia. El componente IRSN puede aportar cierto beneficio en el dolor crónico, aunque no actúa sobre la patología del punto gatillo. Los riesgos adicionales incluyen convulsiones (sobre todo cuando se combina con antidepresivos tricíclicos, ISRS o IMAO), síndrome serotoninérgico e hipoglucemia.

Codeína

Opioide débil (profármaco)Moderado RiesgoPotencia: Muy bajo
MecanismoProfármaco que necesita conversión hepática por CYP2D6 a morfina para ejercer efecto analgésico. Solo entre el 5 y el 10 % de la codeína se transforma en morfina en la mayoría de las personas. Los polimorfismos del CYP2D6 generan una variabilidad interindividual muy amplia.
Relevancia en el dolor miofascialLa eficacia resulta altamente impredecible por la variabilidad genética del CYP2D6. Los metabolizadores lentos (5–10 % de la población de ascendencia europea) no obtienen beneficio analgésico. Los metabolizadores ultrarrápidos (1–2 % en poblaciones europeas y hasta un 29 % en algunos grupos africanos) pueden alcanzar niveles de morfina peligrosos. En general, esta variabilidad farmacogenómica la convierte en una mala opción clínica para patologías musculoesqueléticas crónicas como el SDM.

Hidrocodona

Opioide semisintéticoAlto RiesgoPotencia: Moderado
MecanismoAgonista del receptor opioide mu con cierta actividad sobre el receptor kappa. Se metaboliza parcialmente por CYP2D6 a hidromorfona, más potente. En muchos países solo está disponible en combinaciones fijas (con paracetamol o ibuprofeno).
Relevancia en el dolor miofascialEs uno de los opioides más prescritos en Norteamérica y ha contribuido de manera notable a la crisis regional de opioides. Presenta alto potencial de abuso y desvío. Las formulaciones combinadas suman un riesgo de hepatotoxicidad (paracetamol) o de hemorragia digestiva (ibuprofeno) a los riesgos propios del opioide. No resulta apropiada para el manejo crónico del dolor miofascial.

Oxicodona

Opioide semisintéticoMuy alto RiesgoPotencia: Alto
MecanismoAgonista potente del receptor opioide mu con actividad adicional sobre el receptor kappa. Se absorbe bien por vía oral, con una biodisponibilidad del 60–87 %. Las formulaciones de liberación prolongada (OxyContin) fueron un motor clave de la epidemia de opioides en los Estados Unidos.
Relevancia en el dolor miofascialAlto potencial de abuso. Las presentaciones de liberación prolongada se promocionaron específicamente para dolor crónico no oncológico, una práctica hoy reconocida como causa relevante de la crisis. La evidencia que respalde su uso habitual en el dolor por puntos gatillo miofasciales es limitada, y la relación riesgo-beneficio resulta en general desfavorable.

Fentanilo

Opioide sintéticoExtremo RiesgoPotencia: Extremo
MecanismoAgonista altamente selectivo del receptor opioide mu, entre 50 y 100 veces más potente que la morfina. Muy lipófilo, con inicio de acción rápido. Disponible como parches transdérmicos, pastillas, comprimidos sublinguales, aerosoles nasales y formulaciones intravenosas.
Relevancia en el dolor miofascialNo recomendado en general para el SDM. Su potencia conlleva riesgo elevado de sobredosis. El fentanilo está documentado como inductor de rigidez torácica y del músculo esquelético en general, un efecto que en pacientes con tensión muscular preexistente puede resultar especialmente problemático. Su uso queda reservado al dolor oncológico intenso y a los cuidados paliativos en pacientes ya tolerantes a opioides.

Morfina

Alcaloide opioide naturalAlto RiesgoPotencia: Moderado-alto
MecanismoOpioide de referencia con el que se comparan todos los demás. Agonista completo del receptor mu, con menor afinidad por los receptores kappa y delta. Se glucuronida en el hígado a morfina-3-glucurónido (neuroexcitatorio, sin analgesia) y morfina-6-glucurónido (analgésico potente, de eliminación renal).
Relevancia en el dolor miofascialEs el patrón de comparación de los opioides, pero no tiene un papel en el tratamiento del dolor por puntos gatillo miofasciales. Su indicación corresponde al dolor quirúrgico agudo, al traumatismo grave y al dolor oncológico. Prescribirla para el dolor miofascial crónico expone al paciente a todos los riesgos del tratamiento opioide —tolerancia, dependencia, hiperalgesia, sedación, estreñimiento, depresión respiratoria— sin tocar la causa mecánica.
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Qué funciona en su lugar

Para los puntos gatillo miofasciales existen tratamientos eficaces y con evidencia en todos los niveles de gravedad. A diferencia de los opioides, estas intervenciones actúan sobre la patología real: sarcómeros contraídos, placas motoras disfuncionales, inflamación local y factores perpetuantes que mantienen el ciclo del punto gatillo.

What Works Instead

What Works Instead

Mechanism Diagram
Nivel 1 — Primera línea

Intervenciones físicas y mecánicas

  • Fisioterapia y ejercicio dirigido — Actúa directamente sobre la disfunción mecánica. Los estiramientos elongan los sarcómeros acortados, el fortalecimiento excéntrico restaura la función muscular normal y la corrección postural elimina los factores biomecánicos que mantienen los puntos gatillo. La evidencia respalda la fisioterapia como pilar del tratamiento del dolor miofascial.
  • Programas de estiramiento — El estiramiento pasivo sostenido del grupo muscular afectado alarga la banda tensa, restaura el rango de movimiento completo y reduce la compresión sobre los vasos sanguíneos intramusculares. La técnica de spray y estiramiento —aerosol refrigerante seguido de estiramiento pasivo— es el método original descrito por Travell para desactivar puntos gatillo.
  • Punción seca — Aborda el punto gatillo de forma directa: la inserción de una aguja filiforme fina en la banda tensa provoca una respuesta de contracción local (RCL) que interrumpe la placa motora disfuncional, rompe el ciclo contráctil de los sarcómeros y normaliza el microambiente bioquímico. Cuenta con una base de evidencia sólida, con múltiples revisiones sistemáticas y metaanálisis que respaldan su eficacia.
  • Automasaje y liberación miofascial — La compresión mecánica del punto gatillo mejora el flujo sanguíneo local, reduce la isquemia, genera un estímulo neurofisiológico de estiramiento y puede desorganizar sarcómeros contraídos. El rodillo de espuma, la pelota de lacrosse y la autocompresión manual son herramientas accesibles, sin costo, que el paciente puede emplear a diario.
Nivel 2 — Farmacoterapia tópica y oral

Medicamentos no opioides

  • AINE (ibuprofeno, naproxeno, diclofenaco) — A diferencia de los opioides, los AINE reducen directamente la inflamación mediada por prostaglandinas y la sensibilización periférica en el punto gatillo. Los AINE tópicos (gel de diclofenaco) ofrecen acción antiinflamatoria local con exposición sistémica mínima. La evidencia respalda su uso a corto plazo durante crisis de dolor miofascial.
  • Lidocaína tópica (parches o crema) — Produce bloqueo de canales de sodio a nivel del nociceptor periférico, lo que reduce la generación de señales dolorosas directamente en el punto gatillo. Los parches de lidocaína al 5 % se aplican sobre la zona del punto gatillo hasta 12 horas, con absorción sistémica mínima.
  • Capsaicina tópica — Depleciona la sustancia P de los nociceptores de fibras C periféricas al activar el receptor TRPV1. Con aplicación repetida, desensibiliza las fibras dolorosas de la zona del punto gatillo. El parche de capsaicina al 8 % (Qutenza) puede ofrecer hasta 3 meses de alivio con una sola aplicación en centros autorizados.
  • Relajantes musculares (tizanidina, ciclobenzaprina) — Reducen el tono muscular por mecanismos distintos. La tizanidina, agonista central alfa-2 adrenérgico, disminuye la excitabilidad de las motoneuronas espinales. La ciclobenzaprina, emparentada estructuralmente con los antidepresivos tricíclicos, actúa sobre vías del tronco encefálico. Ambas abordan directamente el exceso de contracción muscular que caracteriza al punto gatillo.
Nivel 3 — Fármacos no opioides de acción central

Antidepresivos y neuromoduladores

  • Antidepresivos tricíclicos (amitriptilina, nortriptilina) — A dosis bajas (10–50 mg por la noche), aportan una analgesia multimodal: la inhibición de la recaptación de serotonina y norepinefrina refuerza la modulación descendente del dolor, el bloqueo de canales de sodio aporta efecto analgésico periférico y el antagonismo del receptor NMDA puede contrarrestar la sensibilización central. Además, mejoran la calidad del sueño, un factor perpetuante clave en el dolor miofascial.
  • IRSN (duloxetina, milnacipran) — La duloxetina cuenta con aprobación regulatoria para el dolor musculoesquelético crónico en varias jurisdicciones. Potencia la inhibición serotoninérgica y noradrenérgica descendente a nivel espinal. A diferencia de los opioides, no genera tolerancia, dependencia ni hiperalgesia. El milnacipran está aprobado para fibromialgia en algunos países y puede beneficiar a pacientes con superposición de SDM y fibromialgia.
  • Gabapentinoides (gabapentina, pregabalina) — Se unen a la subunidad alfa-2-delta de los canales de calcio dependientes de voltaje y reducen la liberación de neurotransmisores excitadores en el asta dorsal. Pueden resultar útiles cuando el dolor por puntos gatillo desarrolla un componente neuropático —sensibilización central, alodinia, hiperalgesia— y son especialmente valiosos como coadyuvantes en el dolor miofascial cronificado.
Nivel 4 — Intervenciones avanzadas

Para puntos gatillo refractarios

  • Infiltraciones de puntos gatillo — La inyección de anestésico local (lidocaína, bupivacaína) directamente en el punto gatillo puede aportar alivio inmediato, mientras que la aguja interrumpe mecánicamente la banda tensa —el mismo principio que la punción seca, complementado por el efecto farmacológico del anestésico sobre los canales de sodio de la placa motora. Es una técnica médica.
  • Toxina botulínica tipo A — Bloquea la liberación de acetilcolina en la placa motora, con lo cual actúa directamente sobre el mecanismo de formación del punto gatillo. La escisión de la proteína SNARE ofrece un efecto clínico de 3 a 6 meses. Inhibe además la liberación de neurotransmisores nociceptivos (sustancia P, CGRP, glutamato) desde los terminales sensoriales. Se reserva para puntos gatillo refractarios al tratamiento conservador.
  • Terapia de ondas de choque extracorpórea (TOCE) — Las ondas de presión acústica generan estrés mecánico en el punto gatillo: desorganizan sarcómeros contraídos, aumentan el flujo sanguíneo local por neovascularización y modulan la señalización nociceptiva. Es una técnica no invasiva con evidencia creciente. Varios estudios describen resultados variables en series seleccionadas, sin efectos adversos farmacológicos.
§ 08

Si actualmente toma opioides para el dolor miofascial

NO suspenda el tratamiento de forma brusca

La interrupción abrupta de opioides tras un uso prolongado puede desencadenar un síndrome de abstinencia intenso: mialgias, sudoración profusa, insomnio, ansiedad, taquicardia, hipertensión, náuseas, vómitos y diarrea. En situaciones poco frecuentes la abstinencia aguda puede comportar riesgo médico. Toda reducción debe hacerse de manera gradual y bajo supervisión profesional.

Consulte con el médico prescriptor

Solicite una cita específica para plantear su deseo de reducir la dosis. El médico elaborará un plan personalizado en función de la dosis actual, la duración del tratamiento y sus circunstancias. Un esquema habitual consiste en disminuir la dosis entre un 10 y un 25 % cada 1 a 4 semanas, aunque pueden ser necesarios ajustes más rápidos o más lentos según el caso.

Instaure primero un abordaje multimodal

Antes de comenzar la reducción conviene establecer tratamientos no opioides eficaces. Inicie fisioterapia, un programa de estiramientos, valore punción seca o infiltraciones de puntos gatillo y establezca la medicación no opioide que corresponda. Tener estas intervenciones activas antes del descenso minimiza la reaparición del dolor durante el proceso.

Considere un fármaco puente

El médico puede rotar a tramadol o a un agonista parcial como la buprenorfina como puente durante la reducción. Fármacos coadyuvantes como la clonidina (para síntomas autonómicos de abstinencia), dosis bajas de naltrexona en contextos seleccionados y apoyos para el sueño pueden facilitar la transición. Los analgésicos no opioides (AINE, paracetamol) deben optimizarse al máximo.

Aborde el componente psicológico del dolor

La terapia cognitivo-conductual orientada al dolor crónico es una de las intervenciones más útiles durante la reducción de opioides. La educación en neurociencia del dolor ayuda a comprender las bases neurobiológicas del dolor crónico y el papel de la sensibilización central. La terapia de aceptación y compromiso (ACT) y el mindfulness (MBSR) también cuentan con evidencia para el manejo del dolor crónico durante este proceso.

Busque apoyo

La reducción de opioides puede ser física y emocionalmente exigente. Mantenga una comunicación franca con su equipo de salud, valore los grupos de apoyo para dolor crónico e implique a familiares o personas de confianza. Si aparece un trastorno por consumo de opioides, el médico puede plantear tratamiento asistido con buprenorfina o naltrexona cuando esté disponible en su país.
Puntos clave
  1. El dolor por puntos gatillo miofasciales es un trastorno periférico y mecánico. Los opioides son fármacos de acción central que no inciden sobre la contractura, la disfunción de la placa motora ni el microambiente bioquímico local.

  2. Las principales guías clínicas (CDC, VA/DoD, AAPM, IASP) desaconsejan los opioides para el dolor musculoesquelético crónico, incluido el dolor miofascial. No forman parte de ningún protocolo basado en evidencia para puntos gatillo.

  3. La hiperalgesia inducida por opioides puede, de forma paradójica, aumentar la sensibilidad al dolor con el tiempo, de modo que los puntos gatillo duelen más en lugar de menos —justo lo contrario del objetivo terapéutico.

  4. Los opioides reducen la actividad física, favorecen la sedación y pueden incrementar la rigidez muscular. Todos estos efectos agravan los puntos gatillo y socavan los tratamientos (estiramientos, ejercicio, fisioterapia) que realmente ayudan.

  5. Existen alternativas eficaces y con evidencia para cada nivel de gravedad: fisioterapia y punción seca como primera línea; farmacoterapia dirigida (AINE, relajantes musculares, antidepresivos tricíclicos, IRSN) como apoyo; e intervenciones avanzadas (infiltraciones, toxina botulínica, ondas de choque) para los casos refractarios.

  6. Si toma opioides para el dolor miofascial, no los suspenda de golpe. Trabaje con su médico para elaborar un plan de reducción supervisado mientras se instauran tratamientos multimodales eficaces.

En síntesis:El dolor por puntos gatillo miofasciales suele responder a intervenciones que actúan sobre los factores periféricos y funcionales implicados. Los opioides no forman parte habitual de estos abordajes. Si convive con dolor miofascial, existen opciones terapéuticas eficaces — habitualmente se pueden manejar con estrategias no opioides.